Esta meditación se basa en la etapa de 1 a 10 años más o menos, aunque la edad que se trata con más profundidad es la de 5 años, etapa en la que se desarrolla la autoestima, la afectividad y el poder personal .
Primero haz una relajación. Siéntate en una posición cómoda, espalda recta, caderas y cuello alineados. Reposa tus manos en tus piernas y cierra los ojos, intenta relajarte lo máximo posible.
Fija tu atención sobre tu aliento, inhalando profunda y lentamente, al exhalar manda fuera toda las tensiones acumuladas, vaciando tus pulmones. Repite esta respiración varias veces.
Ahora visualiza una luz dorada delante de ti, observa como entra poco a poco en tu corazón, inundándolo, llenándolo de luz y calor. Siente como tu pecho se expande y se abre, dando lugar a una entrada, un acceso a un jardín, obsérvalo... las plantas, los árboles, la temperatura, el olor y el color de las flores, el sonido de los pájaros, las mariposas…te sientes muy bien allí.
Al llegar al centro, ves un círculo, puede ser de agua, fuego, cristal, metal... como tú quieras, aquí se encuentra tu ser. Colócate en él y formula la intención de conectarte con tu niño interior diciendo” invoco al amor divino, para que llene mi ser de luz y protección y le pido con toda pureza, que llame a mi niño interior aquí y ahora". Respira profundamente y la conexión se hará sola. Puedes notar calma, alegría, cosquilleo, cada persona siente algo diferente.
Ahora llama a tu jardín a tu niño interior, lo ves de lejos y vas a su encuentro. Dile lo feliz que estás de verlo. Abrázalo, bésalo y acarícialo. Agáchate y pregúntale su nombre y acepta lo primero que sientas, escuches o te parezca. Hazle preguntas sobre sus juegos y comidas favoritas , o lo que sientas, para ir cogiendo confianza con él.
Ahora obsérvalo, ¿cómo lo ves, feliz?¿ O se ve descuidado y triste? Si lo ves mal, no pasa nada, hay un frasquito de amor inmenso al lado tuyo, úntale el contenido en sus heridas y observa como las heridas se van cerrando.
Poco a poco está más feliz y contento, déjalo jugando y lávate, sintiendo como el agua se lleva miedos e inseguridades y todas las emociones negativas o bloqueos que te afectan.
Vuelve con tu niño, dile que lo amas y que lo aceptas tal y como es, que es bueno y lo apoyas y que siempre estarás con él, dale tu aprobación para lo que quiera ser y pídele perdón por todo lo que haya podido padecer. Su mirada brilla, cada vez más feliz.
Pregúntale qué necesita y hazlo, si quiere jugar…juega con él, si son mimos…dáselos. Después pregúntale si tiene algo q decirte y escúchalo, puedes escuchar una frase o sentir una emoción. Dile que desde ahora vas a estar muy cerca, que se va a quedar en tu corazón, en este sitio que has creado para él. Con un gran abrazo inmenso lo dejas en su nuevo hogar, sabiendo que estáis conectados por el corazón y que nunca va a estar solo.
Respira profundamente, retén unos segundos y exhala, hazlo varias veces, volviendo poco a poco al aquí y ahora.
Un abrazo







